Somos sal y somos luz.
La sal condimenta y conserva, por lo tanto conservemos en nuestro corazón el buen ánimo para motivar a quienes están tristes por la vida, llenemos nuestro interior de sazón para ser un alimento agradable para los demás, ¿acaso alguien se atrevería a consumir un bocadillo simple, sin sabor y sin ninguna gracia?, pues si un bocadillo puede ser despreciado, ¿qué será de nosotros si no somos capaces de contagiar con alegría, entusiasmo, esperanza y motivación a quienes nos rodean?
Claro, ser un
condimento lo lograremos a fuerza de paciencia, aprendizaje, humildad y
perseverancia en aquellas cosas que nos
harán ser “Sal”.
La luz ilumina, guía,
conduce; que la sabiduría divina
sea la que en nuestro interior nos oriente en el camino, sea cual sea.
¿Cómo buscar
un objeto en la oscuridad?, ¿Cómo llegar a una ciudad sin un mapa?, ¿Cómo hacer un tour en un país desconocido sin un
guía?, esto debe servirnos para aprender a conducirnos en la vida. La luz que
nos ilumina es la palabra de Dios, el mapa que nos orienta y nuestro
guía es el maestro Jesús.
Sepamos pues ser luz para quienes caminan en tinieblas, guía para quienes no
encuentran un rumbo en la vida, todo ello con el testimonio personal en
cualquier ámbito de nuestras vidas, la familia, los amigos, la empresa, la
iglesia, etc.
Reflexionemos
en la palabra de Dios:
Mateo 5:13-16
Feliz día lleno de paz en sus corazones.
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